DE FIESTA SANTA ROSA DEL SUR (BOLÍVAR), EX COCALEROS CELEBRAN ÉXITO INTERNACIONAL COMO CACAOTEROS

Por el puerto del Cerro y en las calles de Santa Rosa del Sur (Bolívar) se respira un ambiente de fiesta y alegría. Varios niños corren desprevenidos, algunos perros ladran, otros duermen sobre la vía, incluso muy cerca de la gran cantidad de motos que rodean el lugar y de los cientos de caballos que empiezan a llegar. Mientras tanto, la pólvora no para de sonar. Y a la entrada del pueblo, incontables casetas dejan ver lo que sin duda ha sido un gran trabajo de meses e incluso años: los sombreros "vueltiaos". "Estamos de fiesta", grita la gente, por eso tanto sombrero", dicen algunos, aunque otros aseguran que la alegría es constante, "es que este pueblo es un buen vividero y ha mejorado mucho desde que disminuyó eso del cultivo ilícito", afirman algunos jovenes como Alex, transportador de la zona "ahora puede uno andar por donde quiera y nadie le dice nada. Acá llegaba alguien que no lo distinguieran y se la montaban" comenta Alex.

¿Pero qué se celebra?, pregunto mientras intento desplazarme entre una multitud entusiasta: son las fiestas del pueblo y se juntaron con la certificación internacional que recibimos por manejar bien nuestro cultivo de cacao y nuestras fincas en lo ambiental y social, responde un joven moreno de alta estatura con acento costeño. Es Yiminson González, un ex cultivador de coca y ahora exitoso productor de cacao.

Han pasado 14 años desde que Yiminson llegó a Santa Rosa del Sur -Bolívar, en busca del tan anhelado sueño de superación. Proveniente de su natal Rioacha -Guajira, aún recuerda ese momento en que salió de su casa sin un peso en el bolsillo, los 8 interminables días que tuvo que sufrir en el municipio de Magangué (Bolívar), para no morir literalmente de hambre, y el trabajo como vendedor de tintos que le permitió recolectar los 25 mil pesos que costaba el trayecto hasta su destino final Santa Rosa.   "La idea era que me encontrara en Magangué con mi padrastro para de ahí salir hasta Santa Rosa, pero cuando llegué el ferri ya se había ido y yo no tenía un peso. Menos mal conseguí trabajo vendiendo tintos y me daba pa´ comerme una vez al día un bollo limpio", relata Yiminson, mientras su mirada se pierde en el espacio y deja ver una tímida sonrisa.

Finalmente y después de una ardua lucha por sobrevivir en tierras ajenas, Yiminson logró llegar a Santa Rosa. "Yo llegué un viernes en la noche y el sábado ya me tocó irme a trabajar en la mañana. Acá conocí la coca, porque por allá no se veía esto, allá solo se conocía el ñame, la yuca, el guineo", comenta.

Comenzó como raspachin, es decir arrancando matas de coca, pero su ambición era tal que en menos de 4 años y con tan solo 18 logró comprarse 30 hectáreas de tierra. ¿30 ha? pregunto con el asombro que me causa dicha cifra. Sí, responde y agrega "de esas 30, 6 las cultivé con coca, duré 2 años con el cultivo. Cuando eso se complicó todo, nos pagaban cuando querían y nos contentaban con vales que no servían para nada", explica. Pero el momento más difícil lo afrontó cuando su hijo de 2 años se enfermó gravemente de los riñones y él no pudo ayudarlo, porque en lugar de plata tenia vales y coca.

 

"En el año 2005 escuché una reunión de la FUPAD (Fundacion Panamericana para el Desarrollo), donde hablaban de alternativas de cacao a cambio de erradicar la coca. Así que pague obreros y arranqué las 60 mil plantas de coca que tenía sembradas. Le dije a varias personas de la vereda, todos me dijeron que sí y al final nadie erradicó. Me decían que no me iban a cumplir, que me iba a morir de hambre, pero yo les dije que sea la voluntad de Dios", explica Yiminson.

En esa época, aún cuando tenía 30 ha de tierra sus condiciones de vida eran precarias. Yiminson vivía con su esposa y sus 3 hijos en una casa de madera rolliza. Todos dormían en un cuarto, que a veces se convertía en sala para atender las visitas.

Ahora, según afirma, su vida cambio notablemente con el cacao. "El primer viaje de cacao fue el mío, llegaron 400 plantas de cacao. Luego nos afiliamos a Aprocasur y llegaron las ayudas por parte de ACCIÓN SOCIAL, UNODC y USAID, nos dieron un microcrédito, vivienda, sostenimiento y el apoyo para la certificación Rainforest Alliance, reconocimiento internacional por cumplir con las normas de agricultura sostenible", dice.

Para él y para los 50 productores de cacao que recibieron la certificación internacional la vida es mucho mejor ahora, "antes todo era un desorden, la pala por un lado, el veneno por otro, todo revuelto con la comida. Eso era un problema hasta con la mujer. Ahora vivo tranquilo, tengo una vida digna. Mi casa ahora es de material, tengo 3 habitaciones, un corredor, 2 salas, una cocina con todo y soy muy feliz. Tengo árboles maderables, como el cedro, la teca; frutales; y hasta seguridad alimentaria. La finca produce todo pa`comer. Por un lado o por otro de cualquier forma se embolata la papa", afirma este productor agradecido con la vida y con las entidades que le dieron la mano para cambiar su actividad ilegal.

Con muchos proyectos en mente, ahora está seguro que la cultura de la legalidad sí paga en Colombia y que nunca más volvería a los cultivos ilícitos.