Tráfico de bienes culturales: el crimen organizado y el robo de nuestro pasado

14 de noviembre de 2012 - La delincuencia organizada transnacional es a menudo asociada con las actividades transfronterizas como el tráfico de armas, drogas y seres humanos. Sin embargo, este vínculo es a menudo ignorado cuando se trata del tráfico de bienes culturales. Aunque hay pruebas de una cantidad sustancial de saqueo en todo el mundo, las acciones para combatir el tráfico de bienes culturales hasta ahora no han igualado la gravedad o el alcance de la delincuencia. Pese a los acuerdos y la legislación establecida por parte de organismos como la Organización de las Naciones Unidas, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) para frenar la compra y la venta de artefactos excavados ilegalmente, sólo en años recientes los esfuerzos internacionales para enfrentar el rol de las redes del crimen organizado que perpetran este crimen han pasado a primer plano.

Más recientemente, en el sexto período de sesiones de la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, celebrada a principios del mes de octubre en Viena, el tráfico de bienes culturales fue reconocido como un aspecto importante para ser tratado. Un evento paralelo organizado por el Gobierno de los Estados Unidos discutió las iniciativas en curso para combatir este delito y proporcionó detalles sobre su trabajo, mientras que una sesión de asistencia técnica cubrió el importante rol de la cooperación internacional en la lucha contra este problema transnacional. Este enfoque en el crimen organizado se sigue a dos reuniones anteriores del grupo intergubernamental de expertos (en 2009 y principios de 2012) coordinadas por la UNODC.

Lamentablemente, en muchos países de origen hay una constante evidencia de saqueo generalizado, a menudo por bandas organizadas con claras estructuras jerárquicas, cuyo único objetivo es obtener beneficios económicos. No sólo alimenta la delincuencia organizada transnacional (teniendo en cuenta que la mayoría de los objetos son transportados internacionalmente), sino que destruye también el contexto histórico de los objetos y la capacidad de reunir conocimientos sobre el pasado y construir un entendimiento de nuestra historia colectiva. Además, tiene un impacto inconmensurable en la identidad cultural de los países de origen.

Si bien la magnitud de este crimen es extensa, el valor del tráfico de bienes culturales es muy difícil de cuantificar. Como se trata de un crimen muy clandestino, y en el que los artículos ilegales invariablemente se mezclan con los legales, es difícil distinguir entre el comercio lícito e ilícito. Se puede, sin embargo, argumentar, dada la atracción de los criminales a los mercados lucrativos, que esta área representa una gran fuente de ingresos para los grupos de la delincuencia organizada.

Con estos grupos cada vez más involucrados en el tráfico de bienes culturales, a través de ambos canales legítimos, como las subastas y en Internet, y canales bajo los mercados ilícitos, este crimen es un problema que afecta a todos los países.

La evidencia apunta a la interconexión de la delincuencia organizada transnacional, con redes que emplean las mismas rutas y modalidades de actuación para contrabandear los bienes culturales como aquellos usados para transportar drogas, armas y otros materiales ilícitos. El tráfico de bienes culturales es una fuente importante también para el blanqueo de productos de la delincuencia.

En respuesta al tráfico de bienes culturales, la UNODC trabaja para aprovechar el potencial de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional. Muchas de las disposiciones de la Convención son relevantes a ese respecto y en última instancia empodera a los Estados Partes para que combatan la delincuencia organizada transnacional para proteger su patrimonio cultural común.

La UNODC también trabaja de otras maneras, en campo, para hacer frente a esta amenaza. En 2003, la UNODC estableció el Programa de Control de Contenedores en colaboración con la Organización Mundial de Aduanas. Si bien inicialmente se estableció para ayudar a los países a interceptar cargamentos de drogas, el programa ha ayudado a identificar cada vez más los movimientos ilegales de otros bienes, incluidos los bienes culturales. Los oficiales que habían sido entrenados por parte del Programa recientemente fueron capaces de interceptar, entre otras cosas, a dos canónigos de los siglos XVII y XVIII-que habían sido robados del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO del Fuerte de San Lorenzo en Panamá (y que habían sido declaradas como chatarra metálica). En el mismo contenedor, se encontraban cuatro centenarias ruedas del primer ferrocarril del Canal de Panamá que estaban siendo sacadas ilegalmente. Con la gran cantidad de otros artículos robados cada año, el robo de estos objetos habría significado una pérdida histórica no sólo para los ciudadanos del país en cuestión, sino también para la humanidad en general.

Información relacionada:

Mandato de la UNODC sobre el contrabando de bienes culturales

Reunión de composición abierta del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la protección contra el tráfico de bienes culturales, Viena, 24 a 26 de noviembre del 2009

Reunión de composición abierta del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la protección contra el tráfico de bienes culturales, Viena, 27 a 29 de junio del 2012

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