Discurso del Representante de la UNODC en Brasil en  audiencia del Senado acerca de la regulación del uso de cannabis

Foto: Mídia NinjaBrasília, 3 de junio de 2014 - Lea abajo el discurso completo del representante de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Rafael Franzini, durante una audiencia celebrada ayer en la Comisión de Derechos Humanos y Legislación Participativa del Senado de Brasil, con respecto a la regulación del uso de cannabis en el país.

Quisiera agradecer el honor que implica y la oportunidad que constituye comparecer en el Senado de Brasil para aprender más sobre el tema que nos convoca. Como todos ustedes saben, en el año 2016 se llevará a cabo una Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas para tratar el asunto de las políticas de drogas. Creo que intercambio de ideas como el que vamos a tener hoy, que se suman a los que se realizan en la academia, la sociedad civil, y aún en el ámbito internacional son claves para encarar los debates de 2016.

Yo estoy convencido que cuando hablamos del problema de las drogas, todos tenemos claridad sobre el punto. Sin dramatismos, sin estridencias pero evaluando en justo término lo que ocurre en la sociedad. Cuando nos referimos a adictos problemáticos, nos referimos a un problema. Cuando tenemos violencia asociada al tráfico de drogas, tenemos un problema, y las políticas públicas son, justamente, respuestas a estos problemas. Yo prefiero no hablar de luchas ni de guerras, creo que con eso no damos una idea cabal  de cómo dar las respuestas al problema. Por eso prefiero de hablar de respuestas y soluciones aproximadas. Porque, insisto, el problema existe.

La UNODC, Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, es la agencia de la ONU con el mandato de apoyar a los países en la aplicación de las tres convenciones de la ONU en materia de drogas, más allá de las convenciones contra la delincuencia organizada transnacional y la corrupción.

Con base en las convenciones sobre drogas, la UNODC ayuda a los Estados miembros a desarrollar leyes nacionales, así como respuestas al uso problemático de drogas y sus consecuencias adversas para la salud, a través de la implementación de acciones de prevención y la provisión de una red de servicios integrados de atención y cuidado, con base en la evidencia científica, el respeto a los derechos humanos y las normas éticas.

La labor de la UNODC para apoyar a los países en la aplicación de las convenciones es apoyado por otros dos organismos de la ONU: la Comisión de Estupefacientes, que es el espacio en el que la regulación internacional de las drogas es discutido por los países, y la JIFE, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, que es un organismo independiente que supervisa la aplicación de las convenciones.

El mandato de la UNODC, como ustedes pudieron apreciar, es muy y esa es la razón por la cual - y quisiera hacer hincapié en eso - las acciones relativas a la salud, como la prevención y el tratamiento del uso de drogas, así como ciertas intervenciones en el área del HIV/SIDA, hepatitis y tuberculosis, son ejes fundamentales de nuestro trabajo. De hecho, en Brasil, nuestro trabajo en esas áreas de la salud constituye la mayor parte de nuestra cartera.

Permítaseme hacer especial énfasis en este aspecto. Porque el hecho de dirigir nuestras acciones dentro del área de la salud presenta algunas particularidades y características especiales, de las cuales voy a mencionar algunos ejemplos:

Primero, colocar a la persona como centro o eje de nuestra preocupación, no tanto a la sustancias en sí mismas.

Segundo, como consecuencia de lo anterior, la observancia irrestricta de los derechos humanos.  Lo anterior requiere que la observancia a los derechos humanos sea plena en cualquier intervención sobre drogas. Sea en materia de justicia, sea en materia sanitaria, así fueran acciones en el ámbito carcelario o en el proceso judicial. Por ejemplo, será tan importante buscar alternativas a la privación de libertad dentro de la ley, como procurar que existan leyes no violen el deseo del consumidor - aún del problemático - de no ser tratado contra su voluntad.

Tercero,  reconocer las vulnerabilidades sociales como un componente diferencial para encarar el problema. Así por ejemplo, el tratamiento farmacológico, si necesario, puede salvar la vida a personas de distintos estratos sociales, pero las intervenciones en poblaciones vulnerables, donde la prevalencia del HIV/SIDA o sífilis es mayor en los consumidores de drogas, nos tienen que llevar a intentar otros caminos como intervenciones para la reducción del daño, que ya no causan urticaria como sucedía hace unos años.

Cuarto, promover la producción, recolección y uso de la evidencia científica como base del desarrollo e implementación de políticas públicas previendo también mecanismos de monitoreo y evaluación de esa implementación.

Permítanme leer algunos extractos de la publicación De la coerción a la cohesión, publicado por la UNODC en 2010:

"De conformidad con las disposiciones de los tratados de fiscalización internacional de drogas, el tratamiento, la rehabilitación, la reintegración social y la atención ulterior deben considerarse un proceso sustitutivo de las sanciones de la justicia penal. Se puede alentar a las personas que padecen trastornos debidos al uso indebido de sustancias y que han cometido un delito relacionado con las drogas a recibir tratamiento en lugar de cumplir sanciones impuestas con arreglo a la justicia penal.

Este tipo de intervención, en que se recurre al poder coercitivo del sistema de justicia penal, no significa necesariamente que el tratamiento sea obligatorio o entrañe la privación de la libertad: la persona tiene aún la posibilidad de elegir entre la aceptación del tratamiento, la reclusión o una sanción administrativa. (p.1)

El paso de un enfoque de orientación punitiva a otro de orientación sanitaria es compatible con los tratados de fiscalización internacional de drogas. Asimismo, concuerda con un gran cúmulo de pruebas científicas.

Entre estas se cuentan pruebas epidemiológicas y de otros ámbitos científicos que demuestran que el consumo dañino y adictivo de drogas se relaciona frecuentemente con desventajas individuales y sociales (Hawkins et al., 1992, Kreek et al., 2005, Sinha, 2008). Las pruebas científicas incluyen también investigaciones clínicas y neurobiológicas que indican que la drogodependencia es una enfermedad crónica y de múltiples factores y afecta el funcionamiento del cerebro de manera tal que dificulta lograr la abstinencia a corto plazo (Carter et al., 2009, Goldstein et al., 2009, OMS, 2004). Hay cada vez más pruebas de que el enfoque de orientación sanitaria es también más eficaz para reducir el consumo ilícito de drogas y el daño social que éstas causan (Chandler et al., 2009, Gerstein y Harwood, 1990). (p.2)"

Ahora bien, aun cuando es importante esta visión de salud pública en el asunto, nosotros tenemos perfecta conciencia que debemos cumplir nuestro mandato como custodios de las convenciones de drogas y crimen organizado, expresiones de derecho internacional que gobiernan nuestros esfuerzos.

Y esto nos ayuda mucho a poner equilibrio en el tratamiento del problema, porque las convenciones nos dan una visión y una respuesta holísticas, pues nuestro mandato debe ser tratado así como un todo, de forma integral. Y así como prestamos atención a temas sociales o de reducción de la demanda, también reaccionamos o somos proactivos en nuestras intervenciones teniendo presente que existe violencia asociada al fenómeno.

Traigo esto último a colación porque el crimen organizado, que está presente en esta problemática, es una organización que desafía al Estado y si bien podemos aceptar que violencia - droga muchas veces no presenta una relación clara (o por lo menos hay que probarla con mejores estudios) no podemos negar la influencia del narcotráfico en esta realidad. Entonces, a problemas multidimensionales y holísticos, respuestas del mismo tipo, con esa lógica

Por último, al reiterar nuevamente mi agradecimiento y mis felicitaciones por estar abordando este punto con tanta seriedad - he leído el informe producido para guiar las discusiones y me pareció un buen punto de partida - quisiera concluir mis palabras recalcando la importancia política de estos debates, así como la necesidad de fomentar y aumentar este grado de profundidad en las discusiones tanto en la academia como en la sociedad civil. Seguramente la sociedad mundial se beneficiará de esos intercambios sin los cuales las políticas públicas no evolucionarían.

Muchas gracias.

 

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