Corrupción y transparencia: la importancia de decir "no"

Bo Mathiasen

Las noticias que vemos en la prensa mostrando el involucramiento de empresarios, políticos y funcionarios públicos en casos de corrupción, desvío de recursos y uso indebido del dinero público provocan en los ciudadanos sentimientos de indignación. En efecto, estos episodios disminuyen la confianza pública en la justicia e instituciones del país.

La corrupción es un fenómeno inherente a cualquier sociedad moderna y, hasta el día de hoy, no se conoce país que esté totalmente libre de prácticas de esa naturaleza. En mayor o menor grado, se trata de la apropiación delictuosa de recursos públicos que deberían ser utilizados en la mejoría de las condiciones de vida de las personas.
Si la corrupción está presente en todas partes, se puede tornar una cuestión crítica en los países que presentan problemas para ofrecer servicios de salud, educación, infraestructura, entre otros desafíos para la construcción de una sociedad igualitaria, transparente y democrática. Los recursos desviados serían fundamentales para el desarrollo adecuado de las diversas áreas gubernamentales de un país.

El Banco Mundial estima que en países donde los índices de corrupción son más altos, entre el 25 y el 30% del PIB es desperdiciado en consecuencia de este problema. En los países donde la corrupción está bajo control, esos valores no ultrapasan los 3%. Allí reside la gran diferencia. Como en cualquier otro tipo de crimen, si la corrupción puede ocurrir en cualquier lugar, no se puede negar que algunos países han sido más eficaces en su control que otros.

La impunidad y corrupción que vienen desde arriba influencian el conjunto más amplio de la sociedad. Si personalidades públicas demuestran conductas corruptas, muchas personas comunes acaban practicando la corrupción influenciadas por eses ejemplos.

Medir la corrupción de manera precisa es una tarea compleja. Los datos más difundidos son rankings que indican la percepción que los ciudadanos tienen de la corrupción. Es el caso de la ONG Transparencia Internacional, que posiciona a Argentina en el 106º puesto en un universo de 180 países pesquisados.

A pesar de ser importantes para provocar el debate público sobre la corrupción, los rankings de percepción son influenciados por eventos críticos en un determinado momento de la historia de un país. De ese modo, un escándalo puede cambiar lo que las personas sienten en relación a la corrupción en un país y obscurecer avances institucionales concretos del gobierno y de la sociedad.

En este sentido, la mayor transparencia de prácticas y eventos de corrupción, alcanzada por medio de reacciones policiales de gran visibilidad mediática, tiene un doble carácter. Por un lado, eso puede influenciar el aumento en la sensación de que la corrupción está creciendo. Por otro lado, la mejora de las herramientas de transparencia y de control naturalmente echan luz sobre situaciones antes escondidas y, por eso, desconocidas por las personas.

Talvez la gran diferencia entre el pasado y el presente de la corrupción sea que hoy sabemos mucho más acerca de lo que ocurre en los bastidores de la vida política. La visibilidad de esos fenómenos ya es un avance, una vez que incentiva  a sectores de la sociedad civil a  que exijan más de los gobernantes.

Es necesario combinar acciones de represión y de prevención a la corrupción. Los criminales no pueden sentir que hay un ambiente favorable a la impunidad y, por otro lado, se debe desarrollar en las personas una cultura ética, de intolerancia a la corrupción. Es necesario acabar con la impunidad, tratando al corrupto como a un delincuente común, que se ha apropiado de bienes públicos.

En paralelo a las iniciativas gubernamentales, cada ciudadano debe llamar para sí la responsabilidad de combatir la corrupción, no solamente en el ámbito político o del medio empresarial. Es necesario traer esa postura para su día a día, actuando de manera correcta inclusive en situaciones que parezcan menos relevantes.

La corrupción es un fenómeno social que envuelve desde actos casi invisibles, como el pago de propina a un guardia de tránsito, hasta crímenes de gran impacto en la vida de miles de personas, como, por ejemplo, el desvío de recursos públicos destinados a la compra de medicamentos.

Es en ese sentido que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) lazó la campaña global "Corrupción: súmate al no". Si todos percibimos la importancia de decir "no" a pequeños actos de corrupción, seremos capaces de cambiar a la sociedad. El Día Internacional contra la Corrupción, en 9 de diciembre, es una oportunidad para reflexionar sobre el asunto y reafirmar el compromiso de acabar con la cultura de corrupción.

Bo Mathiasen, danés, es el representante de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) para Brasil y Cono Sur. Master en Ciencia Política y Economía por la Universidad de Copenhague y especialista en Desarrollo Económico por la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

04-12-2009