Corrupción: la importancia de construir una cultura ética

Bo Mathiasen

Las noticias que vemos en la prensa sobre empresarios, políticos y funcionarios involucrados en casos de corrupción provocan sentimientos de indignación y disminuyen la confianza de los ciudadanos en la justicia y en todas las instituciones del país.

La corrupción es un fenómeno inherente a toda sociedad moderna y, hasta el día de hoy, no se conoce país que esté totalmente libre de prácticas de esa naturaleza. En mayor o menor grado, se trata de la apropiación indebida de recursos públicos que deberían ser utilizados para mejorar las condiciones de vida de las personas.

Cuando la corrupción prevalece en una sociedad, se establece una situación crítica, en la cual los países y sus gobiernos no logran el desarrollo y enfrentan problemas para ofrecer los servicios más básicos como salud, educación, infraestructura, entre otros, inherentes a la construcción de una sociedad igualitaria, transparente y democrática.

El Banco Mundial estima que en países donde los índices de corrupción son más elevados, entre el 25 y el 30% del PIB, o sea de la riqueza que produce un país, es desperdiciado a causa de este problema. En los países donde la corrupción está bajo control, esos índices no ultrapasan el 3%. Allí reside la gran diferencia. Como en cualquier otro tipo de delito, no se puede negar que algunos países han sido más eficaces en su control que otros.

Medir la corrupción de manera precisa es una tarea compleja. Los datos más difundidos son rankings que indican la percepción que los ciudadanos tienen sobre la corrupción. Es el caso de la ONG Transparencia Internacional, que posiciona a Argentina en 105º puesto, a Brasil en 69º, a Chile en 21º, a Paraguay en 146º y a Uruguay en 24º, en un universo de 178 países.

A pesar de importantes para provocar el debate público sobre la corrupción, esos rankings son influenciados por eventos críticos en un determinado momento de la historia de un país. En ese sentido, la transparencia de prácticas y eventos de corrupción, alcanzada a través de investigaciones policiales de gran visibilidad mediática, tiene un doble carácter. Por un lado, puede crear la sensación de que la corrupción está aumentando. Por otro, la sofisticación de las herramientas para medir la transparencia y perfeccionar el control, naturalmente dan visibilidad a situaciones antes desconocidas.

Talvez la gran diferencia entre el pasado y el presente de la corrupción sea que hoy sabemos mucho más acerca de lo que ocurre en los bastidores de la vida política. La visibilidad de esos fenómenos es un avance, una vez que incentiva a los diversos sectores de la sociedad civil a exigir más de los gobernantes.

Cada ciudadano debe asumir la responsabilidad de combatir la corrupción, no solamente en el ámbito político o en el medio empresarial, pero en su cotidiano, actuando de manera correcta, incluso en situaciones que parezcan menos relevantes.

En todas partes, es necesario aliar acciones de prevención y de represión a la corrupción. Los delincuentes no pueden sentir que son impunes, al mismo tiempo en que se debe desarrollar una cultura ética en la sociedad de intolerancia a la corrupción. Es necesario poner fin a la impunidad, tratando al corrupto como a un delincuente común que se ha apropiado de bienes públicos.

Con el fin de concienciar a los pueblos sobre su papel fundamental en el combate a la corrupción, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) lazó la campaña global "Corrupción: súmate al no". Si todos nos damos cuenta de la importancia de decir "no" a pequeños actos de corrupción, seremos capaces de cambiar nuestra sociedad. El Día Internacional contra la Corrupción, en 9 de diciembre, es una oportunidad para reflexionar sobre el tema y para reafirmar el compromiso con poner fin a la cultura de la corrupción.

Bo Mathiasen, danés, es el representante regional de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) para Brasil y el Cono Sur. Master en Ciencia Política y Economía por la Universidad de Copenhague y experto en Desarrollo Económico por la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

09-12-2010