Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción
La Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción quedó abierta a la firma el 9 de diciembre de 2003 en Mérida (México) hace poco más de un año. Desde entonces, 113 países han firmado esta Convención y 12 la han ratificado (se necesitan 30 ratificaciones para que el tratado entre en vigor). La Convención establece un marco que permite a los Estados colaborar en la lucha contra la corrupción, cuestión que se considera uno de los obstáculos más importantes al desarrollo sostenible.
La corrupción en todas sus formas corroe tanto a las naciones ricas como a las pobres, aleja las inversiones y disminuye la competitividad. La corrupción en gran escala puede sabotear la economía de una nación. Los ejemplos abundan: el antiguo presidente del Zaire, Mobutu Sese Seko, acusado de saquear las reservas de su país, llevándose 5.000 millones de dólares; las alegaciones de que el dictador de Nigeria ya fallecido, Sani Abacha, se apropió de 2.000 millones de dólares del Banco Nacional, además de acumular sobornos por una cifra situada entre 2.000 y 3.000 millones de dólares; los informes de Bangladesh que indican que la corrupción costó a la nación en 1999 una pérdida de divisas estimada en el 50%. Otras estimaciones indican que la corrupción en todas sus formas cuesta a la sociedad más de un billón de dólares anuales.
En una escala menor y más mísera, las coimas que pagan todos los días los ciudadanos que tienen unos ingresos bajos o de subsistencia pueden llevarles a la pobreza, desviando el dinero necesario para comprar alimentos, pagar la vivienda y sufragar otras necesidades básicas hacia los bolsillos de policías y funcionarios locales corruptos. Ha llegado la hora de que desaparezcan los "recargos" que las personas pagan habitualmente por obtener una licencia para conducir, un permiso de construcción o cualquiera de los innumerables documentos o servicios ordinarios. Ha llegado la hora de reconocer que los sobornos, gratificaciones, fraudes y todas las demás prácticas corruptas que permiten a los funcionarios públicos y a los dirigentes políticos llevar un "tren de vida" elevado obligan a los pobres, a los que peor pueden soportar el elevado costo de la corrupción, a vivir en condiciones que ninguna sociedad civil puede aceptar.
La Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción envía a los ciudadanos de todos países del mundo un mensaje que les indica que no puede tolerarse más la corrupción, sea grande o pequeña.
Los gobiernos que realmente quieren la paz y la prosperidad han de ponerse hoy manos a la obra. Ha llegado la hora de unir fuerzas para poner fin a la corrupción ratificando y aplicando este nuevo instrumento universal.
Este texto se basa en un mensaje del
Director Ejecutivo de la ONUDD,
Sr. Antonio María Costa.
La población de todo el globo pide responsabilidad a sus gobiernos;
los ciudadanos claman por la destitución de
los dirigentes corruptos; y las empresas buscan
la nivelación del terreno de juego.
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