Las drogas, la cárcel y el VIH/SIDA
Paulo César Nóbrega es una de los 40 millones de personas que viven con el VIH/SIDA. He aquí su relato:
Como la mayoría de los jóvenes de mi generación, empecé a consumir drogas en mi adolescencia. Cuando cumplí los 16 años, ya consumía cannabis, alucinógenos y drogas inyectables. Poco después, mi adicción me llevó a traficar con drogas. De 1985 a 1993 estuve encarcelado en la ciudad de São Paulo (Brasil), donde me diagnosticaron que era seropositivo del VIH.
Al principio, me asusté. Pero no sabía en realidad lo que era el VIH ni el SIDA, así que seguí consumiendo drogas y compartiendo agujas con otros reclusos. Nadie nos dio ninguna orientación ni recibimos cuidados preventivos.
En la cárcel, el SIDA se empezó a manifestar con la tuberculosis, enfermedad que tuve en tres ocasiones. Aunque en un momento dado me administraron medicinas antiretrovirales, seguí consumiendo drogas y sólo volví a someterme a tratamiento en serio después de dejar para siempre las drogas en 1999.
En aquella época, pertenecía a un grupo de apoyo en mi ciudad natal, la ciudad costera de São Vicente, y estaba cerca de otras personas seropositivas del VIH. Pronto decidimos crear la ONG Hipupiara para fomentar un sentido de unidad entre las personas que vivían con el VIH y mejorar su calidad de vida.
Lamentablemente, me enfrenté a muchos prejuicios por ser seropositivo del VIH, incluso por parte de familiares míos. También me negaron varios trabajos. Por fin, en 2001 comencé a trabajar como pescador, trabajo del que me jubilé en 2005, a los 50 años, debido a mi mala salud.
Hoy en día, estoy libre de drogas y sigo estrictamente el tratamiento. Trabajo de voluntario para Hipupiara, poniéndome en contacto con consumidores de drogas en la ciudad y remitiéndolos a los servicios de tratamiento y asistencia.
Gracias a toda la información que he acumulado sobre el VIH/SIDA, puedo hacer frente a los prejuicios y superarlos. Las personas aquejadas del VIH y los consumidores de drogas no deben encerrarse en sí mismos ni evitar hablar sobre sus problemas; debemos ayudarnos los unos a los otros para que todos podamos llevar una vida mejor.
|