Políticas sobre Drogas y el Desarrollo Sostenible es tema de nota técnica de UNODC

Brasilia, 27 de junio de 2016 - Después del lanzamiento, en la semana pasada, del Informe Mundial sobre las Drogas 2016, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en Brasil, publicó una nota técnica sobre el informe como una contribución al debate sobre el tema en el país.

El Informe Mundial sobre las Drogas 2016 se desarrolla en un momento notable, después de una Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el problema mundial de las drogas y la primera después del lanzamiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

El problema del uso de drogas es global y está interconectado con todos los aspectos del desarrollo sostenible. Su análisis y consecuente respuesta, a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), revelan esta interacción, transversalizando la naturaleza y la dinámica del problema en el ámbito individual, comunitario y nacional. 

Los 17 ODS fueron divididos en 5 amplias áreas: desarrollo social, desarrollo económico, sostenibilidad ambiental, sociedades pacíficas, justas e inclusivas. 

 

Reducción de las Desigualdades

Reducir la desigualdad dentro de los países y entre ellos

En relación al ODS 10 (reducir la desigualdad en los países y dentro de ellos), es importante resaltar que la dificultad en aceptar o entender que la dependencia química es una condición de salud, alimenta el ciclo de marginalización y afecta en general a las personas con trastornos relacionados con el uso de drogas, dificultando su tratamiento e integración social. La estigmatización en relación a las personas que usan drogas puede representar una gran barrera en su acceso a las acciones de cuidado de la salud, como demostró el estudio del investigador brasileño Telmo Ronzani citado en el informe.

El informe llama la atención al vínculo entre exclusión social, estigma y uso de drogas. Es importante destacar que ni todas las personas que usan drogas son marginalizadas ni todas las personas marginalizadas usan drogas. Sin embargo, la marginalización social puede ser vista como un factor de riesgo para el uso problemático de drogas.

En función de las dificultades de considerar la marginalización como un indicador que debe ser medido, hay otros factores que pueden ser considerados en la evaluación de condiciones sociales tales como: desempleo, falta de hogar, encarcelamiento o violencia, entre otros.

El uso de drogas puede contribuir a este proceso de marginalización en función del estigma y de la discriminación sufrida por personas que consumen drogas en determinados contextos, teniendo un impacto negativo en relación a las oportunidades de empleo y en los vínculos sociales, pudiendo llevar a la perdida de capital humano.

En muchos casos, las personas pueden entrar en ciclos que envuelven el uso problemático de drogas, en una relación compleja y recíproca de causalidad difícil de terminar. Según demuestra el siguiente gráfico, ese ciclo envuelve trastornos asociados al uso de drogas, en contextos de desempleo, bajo nivel de escolaridad, problemas de vivienda, migración, ofrecer sexo a cambio de drogas, encarcelamiento, mayor vulnerabilidad a infecciones de transmisión sanguínea y sexual, exclusión social y estigma. El informe cita la investigación realizada por la  Fundación Oswaldo Cruz que indicó un perfil de vulnerabilidad social entre usuarios de crack que precede el uso de crack, pero que también puede ser agravado por éste. Este estudio cuantitativo fue profundizado en Brasil con una investigación sociológica que buscó reconstituir trayectorias de vida de usuarios de crack ("Crack y Exclusión Social" Organizador - Jessé Souza).

De esta forma, además de políticas de prevención dirigidas a la promoción de la educación y del bienestar y del cuidado en el campo de la salud para acciones de tratamiento, rehabilitación y reintegración social, con base a la evidencia, estas políticas también requieren de un robusto componente de enfrentamiento al estigma y de promoción de la equidad de género y de los derechos humanos de una forma más amplia.

              

De esta forma, el ODS 10 incluye dos metas que necesitan ser consideradas en las políticas sobre drogas:

10.2 Hasta 2030, fortalecer y promover la inclusion social, económica y política de todos, independientemente de la edad, género, deficiencia, raza, etnia, origen, religión o condición económica, entre otros. 

10.3 Garantizar la igualdad de oportunidades y reducir las desigualdades de resultados, inclusive por medio de eliminación de leyes, políticas y prácticas discriminatorias; y de la promoción de la legislación, políticas y acciones adecuadas en este respecto. 

Brasil tiene una experiencia reciente bastante avanzada de respuesta a contextos de uso problemático de drogas por personas que viven en una situación de exclusión social, con el programa De Brazos Abiertos, una acción del Ayuntamiento de São Paulo para atender a los dependientes químicos que se concentran en la región de Luz en el municipio. La acción intersectorial, que une salud, trabajo, acogida y alimentación, ha demostrado según los estudios realizados que hubo mejoras en indicadores de calidad de vida de los participantes del programa, así como una reducción considerable en el uso de crack.

Otra iniciativa de Brasil, que parece ser muy prometedor en este sentido, es lo Proyecto REDES, que es una iniciativa de Senad/MJ en asociación a la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), el área técnica de Salud Mental del Ministerio de Salud y el Ministerio Desarrollo Social. Esta acción tiene como objetivo promover el acercamiento entre las políticas de salud, la prevención, la protección, la seguridad y la inclusión social.

El objetivo es desarrollar metodologías de integración entre las políticas públicas de los municipios, a través de la constitución de forums de gestión compartida, de canales de diálogo y de lugares de encuentro entre los profesionales de diversas redes para que debatan y evalúen permanentemente las formas de prevención, promoción y cuidado de la salud, de inclusión y de ejercicio de ciudadanía de las personas con problemas relacionados a las drogas. 

En el ámbito del proyecto Redes, la SENAD/MJ ha financiado un conjunto de iniciativas innovadoras para promover la inserción social de usuarios de drogas en situación de extrema vulnerabilidad. Los proyectos combinan acciones de vivienda, cualificación profesional, reinserción en el mundo laboral y apoyo para actividades de cooperativismo social.

O sea, Brasil ya está desarrollando acciones bien alineadas con las directrices internacionales en relación a las políticas de drogas y que necesitan avanzar y ser ampliadas en todo el territorio nacional.

 

Salud de calidad

Asegurar una vida saludable y promover el bienestar para todos, en todas las edades

El ODS 3 (asegurar vidas saludables y promover el bienestar en todas las edades) incluye explícitamente fortalecer la prevención y tratamiento del abuso de sustancias. Programas dirigidos a la prevención, tratamiento, cuidado, rehabilitación y reinserción social desempeñan un papel fundamental y si se basan en evidencia, pueden reducir los impactos negativos para la salud relacionados al uso problemático de drogas. 

La inversión en programas que se basen en evidencia representan una respuesta eficaz. Hay que resaltar que en el área de prevención, Brasil ha invertido en programas basados en evidencia y alineados con las Directrices Internacionales sobre Prevención del Uso de Drogas. Desde 2013, en colaboración con el UNODC, el Ministerio de Salud (MS) identificó tres programas que, en la literatura científica internacional, mostraron resultados asociados a aplazar y evitar el primer uso de sustancias psicoactivas, así como reducir el grado de abuso de alcohol, tabaco y otras drogas entre el púbico a quien se dirigen. Actualmente la SENAD también ha apoyado la implementación de éstos tres programas.

Además de problemas asociados al uso como el riesgo de sobredosis, suicidio o desarrollo de trastornos mentales, es necesario considerar que las personas que usan drogas inyectables o no, son más vulnerables en relación a la transmisión del VIH y de las hepatitis vitales, y también enfrentan mayor dificultad para acceder a servicios en función del estigma y del prejuicio en relación al uso de drogas. En Brasil, un estudio realizado por la Fiocruz reveló que las personas que usan crack y/o similares presentan una prevalencia del VIH ocho veces más altas que la población en general. 

Por tanto, además de la relación directa entre el uso de drogas inyectables de forma no segura y la transmisión del VIH o de la hepatitis C, los estudios han demostrado que es necesario considerar también la mayor vulnerabilidad de personas que usan estimulantes como la cocaína y anfetaminas en su relación con el sexo desprotegida.

Cuando las políticas no están alineadas con los principios de convenciones internacionales para el control de drogas, éstas pueden debilitar la accesibilidad de drogas controladas tanto con fines medicinales como para estudios. Tres cuartas partes de la población global aún no tiene acceso a medicamentos que contienen drogas narcóticas y tienen un tratamiento inadecuado para tratar dolores moderados y fuertes. La importancia de ofrecer medicamentos esenciales que típicamente incluyen drogas controladas fue reconocida en la meta 3.b de los ODS.

 

Igualdad de Género

Alcanzar la igualdad de género y fortalecer a todas las mujeres y niñas

El ODS 5 (alcanzar igualdad de género y fortalecer a todas las mujeres y niñas) apunta a la necesidad de que las políticas sobre drogas reconozcan que hay diferencias importantes entre hombres y mujeres que usan drogas en relación a los padrones de uso y también a las vulnerabilidades asociadas. Debido a la predominancia masculina en el uso de ciertos tipos de drogas, hay un riesgo de que la red de cuidado pueda no corresponderse con las necesidades de las mujeres que usan drogas, representando barreras en el acceso a los servicios 

Las mujeres con un cuadro de dependencia de drogas y que viven con el VIH son, en general, más vulnerables y estigmatizadas que los hombres. Esas mujeres tienen más probabilidades de haber sido víctimas de violencia y abuso, en especial de violencia doméstica. En este sentido, hay que resaltar un dato del estudio realizado por la Fiocruz entre usuarios de crack y/o similares, en la cual la proporción de mujeres que relatan haber sufrido violencia sexual alguna vez en la vida fue seis veces mayor que la relatada por los hombres (respectivamente, 46,63% y 7,49%). Lo que demuestra la necesidad y el desafío par los países, incluyendo Brasil, de desarrollar políticas y acciones que incluyan la perspectiva de género.

Las mujeres infractoras, especialmente con algún trastorno relacionado al uso de drogas, enfrentan varias barreras en el sistema de justicia criminal, visto que en general estos sistemas no son debidamente equipados para atender sus especificidades. 

 

Erradicación de la pobreza

Acabar con la pobreza en todas sus formas, en todos los lugares

El uso de drogas generalmente afecta a las personas durante sus años más productivos, perjudicando su desarrollo y sus comunidades. El problema de las drogas afecta, de forma variada, a países tanto desarrollados como en desarrollo. Lo que nos lleva al ODS 1 (acabar con la pobreza en todas sus formas y en todos los lugares).

La relación entre desarrollo económico y drogas es particularmente evidente en el caso del cultivo ilícito de drogas. En áreas rurales, elementos socioeconómicos como pobreza y falta de una cultura de subsistencia sostenible son factores de riesgo que llevan a los hacendados a iniciarse en la cultivación ilícita, que también es una manifestación de escasos niveles de desarrollo ligados a la seguridad y la gobernanza. 

 

Paz y Justicia

Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, proporcionar el acceso a la justicia para todos y construir instituciones eficaces, responsables e inclusivas en todos los niveles

ODS 16 (Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollos sostenible, proporcionar acceso a la justicia para todos y construir instituciones responsables e inclusivas en todos los niveles).

Ese objetivo busca respeto principalmente a los esfuerzos en fortalecer el Estado de Derecho y el acceso a la justicia y combatir la corrupción y el crimen organizado. El uso de drogas desencadena diferentes niveles de violencia, relacionados con su efecto psicoactivo o como medio de obtener recursos para su compra. 

En relación al acceso a la justicia, en Brasil es importante destacar el desafío del acceso a la justicia en relación a las mujeres, según el informe del Ministerio de la Justicia sobre mujeres encarceladas, en el periodo de 2000 a 2014el aumento de la población femenina fue de  567,4%, mientras que la media de crecimiento masculino en el mismo periodo fue del 220,20%, reflejando así la curva ascendiente del encarcelamiento en masa de mujeres. Son mujeres jóvenes, tienen hijos, son las responsables de proporcionar sustento familiar, poseen baja escolaridad, son oriundas de estratos sociales desfavorecidos económicamente y ejercían actividades de trabajo informal en el periodo anterior al encarcelamiento. 

En torno al 68% de esas mujeres poseen vinculación penal por envolvimiento con el tráfico de drogas no relacionado a las mayores redes de organizaciones criminales.

Por tanto, el desafío de que la política de drogas en Brasil y en la región tengan una perspectiva de género es fundamental.

Cabe también destacar la reciente decisión del STF de retirar el carácter de atroz de la condenación de dos hombres condenados por tráfico de drogas que eran delincuentes primarios, tenían buenos antecedentes y no se dedicaban al crimen ni formaban parte de una organización criminosa. Esta decisión ciertamente tendrá impacto en la cuestión del hacinamiento carcelario causado por penas que han sido consideradas, incluso por los propios ministros del STF, como "desproporcionales", sobre todo en mujeres.

Datos de 2014 del Ministerio de Justicia señalan una población carcelaria de 622.202 personas en el país, de las cuales 174.216 (28%) fueron condenadas por delitos relacionados a las drogas.

 

Asociaciones por las metas

Fortalecer los medios de implementación y revitalizar la asociación global para el desarrollo sostenible

ODS 17 (Fortalecer los medios de implementación y revitalizar la asociación global para el desarrollo sostenible). Estos objetivos tienen una fuerte relación con los principios de cooperación internacional y responsabilidades compartidas, incorporados en las convenciones de control de drogas. Mientras tanto, la asistencia oficial para el desarrollo aumentó, mientras que la asistencia para sectores relativos a las drogas disminuyó significativamente desde 2008. Los esfuerzos para eliminar el cultivo ilícito pueden impactar la fuente de renta y las oportunidades de empleo de campesinos. Estudios muestran que estos esfuerzos solo tendrán un impacto positivo si incluyen medidas de desarrollo que garanticen alternativas de subsistencia y restauren la seguridad y la fuerza de la ley.

Intervenciones que pretenden fortalecer la influencia de la ley, los cimientos del desarrollo sostenible, pueden influenciar la disponibilidad de drogas en el mercado ilícito al reducir el abastecimiento a través de la prohibición y aumentando el riesgo para los traficantes. Esto conlleva a un aumento de precios en los mercados para los consumidores. Sin embargo, esto puede generar violencia, especialmente cuando afectan la estructura interna y externa de estos mercados ilegales. Estos esfuerzos deben ser pensados a largo plazo y dirigidos a todos los protagonistas y elementos del tráfico de drogas ya que, en caso contrario, pueden generar un aumento de violencia. La prevención, intervención precoz, rehabilitación, cuidados y medidas de integración social para usuarios de drogas, basados en evidencias científicas, reducen el uso de drogas y sus efectos en la salud pública, uno de los componentes más importantes de bienestar de la sociedad. Estos beneficios afectan tanto a los usuarios como a la sociedad en general, mostrándose eficaces en la prevención del VIH y hepatitis virales.

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