El papel de las juezas y de una perspectiva de género para garantizar la independencia y la integridad judicial

Jueza Vanessa Ruiz

La jueza Vanessa Ruiz es magistrada en el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia (D.C.), en los Estados Unidos de América y actual presidenta de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas (IAWJ). Se desempeñó previamente como presidenta del Comité Asesor sobre la Conducta Judicial del Tribunal Superior del Distrito de Columbia y es comisionada de la Comisión de Acceso a la Justicia de D.C. Todas las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las de la autora como experta externa y no reflejan necesariamente la posición oficial de la UNODC. Esta es una traducción no oficial realizada por Voluntarios de las Naciones Unidas.

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En tiempos en los que los conflictos violentos, el desplazamiento económico y un clima cambiante causan niveles más altos de incertidumbre y miedo alrededor del mundo, movimientos autoritarios y no democráticos intentan presentarse como el antídoto de tales problemas. En cambio, la solución debe ser el estado de derecho: una fuerza decisiva, estabilizadora y moderadora. Como juezas, debemos asegurarnos de cumplir con nuestras responsabilidades con el grado más alto de excelencia, y a cambio ganarnos la confianza del público, cuyo apoyo es fundamental para el estado de derecho.

El poder judicial no tendrá la confianza de la gente si lo consideran un baluarte del elitismo, la exclusividad y el privilegio arraigado, ajeno a los cambios en la sociedad y a las necesidades de los más vulnerables. En efecto, los ciudadanos van a encontrar dificultades para aceptar al poder judicial como garante de la ley y de los derechos humanos si los mismos jueces tienen actitudes discriminatorias. Es por esto que la presencia de las mujeres es esencial para la legitimidad del poder judicial.

Lograr la igualdad para las juezas, en cuanto a la representación en todos los niveles del poder judicial y en los consejos encargados de formular políticas, debe ser nuestro objetivo: no solo porque es lo correcto para con las mujeres, sino porque es lo apropiado para lograr un estado de derecho más justo. Las juezas mejoran el poder judicial y ayudan a ganar la confianza de los ciudadanos.

 

La llegada de las juezas a espacios de los que tradicionalmente habían sido excluidas significó un avance positivo en dirección a un poder judicial percibido como más transparente, inclusivo y representativo de las personas a cuyas vidas afecta. Por su simple presencia, las juezas mejoran la legitimidad de los tribunales, transmitiendo una señal clarísima de que están disponibles y son accesibles a todo aquel que recurra a la justicia.

Sin embargo, las juezas aportan mucho más a la justicia que una mejora de su apariencia: también contribuyen considerablemente a la calidad de la toma de decisiones, y, en consecuencia, a la calidad de la justicia misma. Las juezas alrededor del mundo se ganaron las acreditaciones necesarias, obtuvieron logros o alcanzaron de otra manera los estándares de la selección judicial. Pero después de todo, sí vivimos nuestras vidas como mujeres, haciendo frente a todos los impactos sociales y culturales que enfrentan las mujeres, en particular las relaciones y las obligaciones familiares complejas.

Las juezas traen esas experiencias vividas a su accionar judicial, experiencias que se inclinan hacia una perspectiva mucho más integral y empática, una que abarca no solo las bases legales del accionar judicial, sino también el conocimiento de las consecuencias que tiene sobre las personas que afecta.

El enjuiciamiento mejora con la presencia de mujeres que sacan a la luz las consideraciones que no se hubieran tenido en cuenta ante su ausencia. Por lo tanto, el alcance del debate se amplía, quizás previniendo decisiones inapropiadas y mal meditadas. Al dilucidar la forma en la que las leyes y las decisiones pueden estar fundadas en estereotipos de género, y cómo pueden tener un efecto diferente en mujeres y hombres, una perspectiva de género mejora la imparcialidad del enjuiciamiento, que a la larga termina beneficiando tanto a hombres como mujeres. Todos los jueces deben esforzarse por introducir una perspectiva de género en el enjuiciamiento.

El problema de juzgar con una perspectiva de género es de especial importancia para la Asociación Internacional de Mujeres Juezas, una asociación no gubernamental con más de 6000 miembros en más de 85 países de todo el mundo. Solo la identificación de sesgos de una manera decidida y sistemática va a solucionar el problema.  A través de los años, nuestros miembros participaron de capacitaciones judiciales sobre la interpretación e implementación de la ley de una manera libre de sesgos de género y que se corresponde con los tratados y convenciones regionales e internacionales.  En cuatro conferencias internacionales anuales, patrocinadas por la Suprema Corte de la Justicia de México, cientos de jueces, hombres y mujeres, participaron de un análisis riguroso y un debate reflexivo sobre las decisiones de los tribunales de todo el mundo relacionadas a los sesgos de género. Es una empeño ambicioso e inspirador en pos de la igualdad de género en los más altos niveles del poder judicial.

La independencia judicial es muy valiosa porque crea el ámbito necesario para que se dicte una sentencia imparcial, pero no la garantiza. Sabemos que prestar juramento como juez no nos aísla mágicamente de los sesgos y los malentendidos, algo que todos los humanos tienen por sus experiencias particulares. Como nos demostraron neurólogos y psicólogos, todos estamos plagados de sesgos inconscientes o implícitos que incluso desconocemos. A pesar de que no existe un remedio simple para este problema de las judicaturas, diversificar las experiencias de vida de los encargados del enjuiciamiento de las causas mejora las probabilidades de que los sesgos y malentendidos se controlen.

Cambiar la demografía tradicional de los tribunales puede volver la institución más susceptible de considerarse desde otro punto de vista y conducir potencialmente a nuevas reformas y modernizaciones. A medida que la composición de un tribunal se diversifica, sus prácticas tradicionales se vuelven menos arraigadas, por lo que los antiguos métodos, muchas veces fundados en códigos tácitos de conducta o simple inercia, ya no son adecuados. Estos pueden ser tiempos prometedores para una crítica cuidadosa, la adopción e implementación de códigos actualizados de conducta judicial y la formación de los jueces según las leyes enunciadas con claridad.  La presencia de nuevas caras y nuevas voces es a veces el estímulo más persuasivo para observar con nuevos ojos y lograr los cambios pendientes desde hace mucho.

La Asociación Internacional de Mujeres Juezas ya está trabajando y está preparada para unir fuerzas con otros en pos de un poder judicial mucho más ético.